El día de hoy, a unos kilómetros de Rusia, se jugó prácticamente al mismo tiempo que la final del mundial el juego por el campeonato masculino de tenis en la cancha central de Wimbledon. El partido nos presentaba por un lado al sudafricano Kevin Anderson que dejó en el camino al rey de Wimbledon Roger Federer en cuartos de final y a la torre estadounidense John Isner en la semifinal más larga de la historia (26-24 fue el marcador en el quinto set después de 6 horas y media de juego) y por el otro lado al eterno mal tercio de la era moderna del tenis Novak Djokovic, que dejo en el camino al toro Rafa Nadal en una trepidante semifinal que se prolongó por un par de días (10-8 en el quinto set después de salvar 5 oportunidades de quiebre de Nadal).
Novak Djokovic ha sido mi jugador favorito desde que lo vi ganar su primer Grand Slam en Australia en 2008, cuando dejó en el camino en la semifinal a Roger y venció en la final al Muhammad Ali del tenis, el francés Jo-Willy Tsonga. En ese entonces, Nole era más conocido por sus imitaciones (la verdad eran buenísimas, en especial la de Saharapova y de Nadal) que por su buen juego. Antes de ese año había amenazado un par de veces en torneos de Grand Slam y llegó a ser el #3 del mundo pero seguido terminaba retirándose de los torneos y hasta los mismos jugadores rivales cuestionaban sus retiros (la dos más famosas fueron cuando Andy Roddick se burló en el US open diciendo que se quejaba de gripe aviar, torcedura, dolor de cabeza, anthrax o cualquier cosa y cuando Federer solo atinó a decir en tono irónico “¿de nuevo?, es un jugador que se rinde muy seguido”, cuando le preguntaron su opinión del estado físico de Novak). Pensé que después de esa victoria en Australia, había llegado para quedarse, pero muy lejos de eso, siguió batallando para terminar los torneos. Se le iba la respiración, le dolía el estómago y pedía tiempos fuera frecuentemente para ir a los vestidores.
Tocó fondo en el abierto de Australia de 2010 cuando después de ir dominando el partido de cuartos de final contra Tsonga, fue al baño de los vestidores a vomitar y terminó perdiendo el encuentro. Así como Arjona, probó con el yoga el hare krishna y el vudú y no sabía por qué no lograba sostener su nivel durante los torneos completos. Con su condición física y las rutinas de entrenamiento a las que se sometía, era absurdo que no estuviera en forma. Se operó la nariz, cambió de entrenadores, practicó yoga y meditación pensando que era algo mental y sin embargo sus caídas físicas a medio partido eran estrepitosas.
En su libro, cuenta Novak que un doctor serbio que estaba viendo por casualidad el partido ante Tsonga, observó cómo se comportaba en la cancha, los gestos que hacía y como se tomaba el estómago. Este doctor de inmediato pensó era un desorden alimenticio esa fuerza invisible que lo atacaba a la mitad de sus partidos. Resultó que el doctor tenía amigos en común con el padre de Nole y poco tiempo después se reunió con él para hacer su diagnóstico. La prueba definitiva fue cuando extendió su brazo y el doctor le pidió que hiciera resistencia mientras él intentaba bajarlo. Al inicio Novak no tuvo problemas en resistir la fuerza del doctor, pero al repetir el experimento mientras sostenía un pan en el abdomen (si, un pan) se sintió sin fuerza.
El resto de la historia es ya muy conocida en el mundo del deporte blanco. Resultó que Nole era intolerante al gluten (irónico, pues sus padres eran dueños de una pizzería), así que cambió su dieta y en 2011 se convirtió en el jugador #1 del mundo después de empezar el año con 41 victorias consecutivas y terminarlo con 3 títulos de Grand Slam (se le fue Francia en el famoso partido contra Roger donde al terminar movió el dedo diciendo que no como Dikembe Mutombo cuando hacía una tapa). En los años siguientes hasta 2016, Djokovic dominó el tenis de manera importante, siendo el pináculo de su carrera ganar Roland Garros en ese año para tener los 4 trofeos más importantes del tenis al mismo tiempo completando el que fue bautizado como el NoleSlam (solo Rod Laver lo había logrado anteriormente en la era abierta del tenis).
Fue en Wimbledon 2016 después de la derrota en tercera ronda contra Sam Querrey cuando empezó la baja de juego del serbio. Existieron muchos rumores acerca de Nole con respecto a problemas en su matrimonio que causaron que perdiera ese partido y él mismo dijo que estaba pasando por problemas personales después de la derrota (¡como siempre las mujeres tienen la culpa!). Después vino la derrota con Del Potro en las olimpiadas, con Wawrinka en el US Open y con Murray en las finales de ATP que hicieron que perdiera el #1 del ranking para finalizar el año. En 2017 su baja de juego fue evidente en Australia y Roland Garros y finalmente después de retirarse en cuartos de final en Wimbledon, una lesión en el hombro le hizo perder el resto del año. Su caída de la cima coincidió con el regreso de Roger y Rafa que se habían llevado los últimos 6 títulos de grand slam antes de Wimbledon 2018.
El regreso de Novak en 2018 fue paulatino y lleno de dudas y frustración para él y para sus fanáticos. En Australia, su primer torneo después de la lesión, llegó a cuartos de final para perder contra la sorpresa del torneo, el surcoreano Hyeon Chung. Su gira por Estados Unidos fue desastrosa, perdiendo en Indian Wells y Miami en las primeras rondas contra jugadores fuera del top 50. En arcilla estuvo un poco mejor, llegando a la semifinal de Roma donde le dio un buen partido a Rafa y perdiendo en cuartos de final de Roland Garros contra Marco Ceccinatto. En la conferencia de prensa después de esta última derrota estuvo enojado y sugirió que tal vez no jugaría en pasto en los siguientes meses.
Afortunadamente cambió de opinión. Llegó a la final en Queens, el torneo previo a Wimbledon y arribó con nuevos bríos a Londres. Sus primeras rondas fueron relativamente sencillas hasta la tercera cuando venció en 4 sets al local Kyle Edmund. Fue en este partido cuando lo vi ya con su nivel anterior totalmente recuperado, pues estaba muy expresivo cuando ganaba puntos, corriendo a todas, pero sobre todo con el letal revés paralelo que lo llevó a la cima. Yo pienso que cuando este golpe lo tiene bien calibrado y está con su defensa impenetrable (como la de su comercial de Head), Nole es casi invencible.
A Nishikori le ganó casi caminando y en las semifinales venció a un Rafa Nadal en su mejor momento. Algunos cuestionan que el juego se jugó con el techo cerrado y que esas condiciones favorecían a Novak, pero para mí no fue factor. Los dos estuvieron fenomenales y cualquiera pudo llevarse el encuentro. Novak sacó muy bien (hacía mucho que no veía tantos “Aces” de su parte) en momentos clave con puntos de quiebre en contra y al final su fortaleza mental se impuso ante un Rafa Nadal que me parece increíble cómo te hace ganar cada punto, pues los corre todos como si fuera el último. La verdad, si me jugara la vida en un partido de tenis y pudiera escoger a un jugador, tomaba a Nadal como mi salvador por este motivo.
El juego por el título de Wimbledon fue anticlimático comparado con los espectaculares partidos en las semifinales (el Djokovic-Nadal para mí esta entre los mejores partidos que he visto, junto con la final de Roger y Rafa en Wimbledon de 2008 y la final de Australia en 2012 también entre Nole y Rafa) y en cuartos de final. A Kevin Anderson se le vio desgastado y estuvo demasiado errático en los primeros 2 sets que se terminó llevando el serbio por idéntico marcador 6-2. Para cuando Kevin quiso recuperarse ya era demasiado tarde. El tercer set fue mucho más parejo y si hubiera justicia en el tenis, el sudafricano debió ganarlo pues fue el único que tuvo puntos de quiebre (cinco en total) y tuvo a Nole batallando en todos sus turnos de saque. Al final no hubo quiebres y el tiebreak fue de un solo lado; Djokovic liquidó el juego con un servicio ganador llevándose el título 6-2, 6-2, 7-6. Novak se vio muy sobrio en su festejo, aunque como sus 3 anteriores títulos en Wimbledon, probó de nuevo el pasto de la cancha central después de su victoria (“El postre más dulce” dijo Nole).
Es bueno tener de vuelta a mi jugador favorito, aunque sé que es y será el mal tercio de los grandes del tenis de la era moderna. Me tocó verlo un par de veces, primero en 2015 en Nueva York cuando se llevó el US Open y luego en 2016 en el mismo lugar cuando perdió la final contra un inspirado Stan Wawrinka (que siempre le da partidazos a Nole en Grand Slams). Fue en la final del US Open en 2015 en Nueva York, estando en el estadio, cuando me di cuenta de algo que no comprendía. Novak, por más trofeos que gane, nunca será tan venerado como Federer ni tan admirado como Rafa y eso es algo que le molesta. Seguido se le ve tratando de poner al público a su favor, pero cuando juega contra ellos, es increíble como el suizo y el español juegan como locales en cualquier escenario; la gente se les entrega casi incondicionalmente. Existe la percepción de que no actúa como un campeón, que no tiene clase. Federer es tango, Nadal es flamenco y Djokovic es reggaetón.
Tal vez sea por cómo empezó su carrera, con las bromas e imitaciones. Tal vez por su exuberante equipo y familia que gritaban cada punto como locos (Roger les dijo que se callaran en una ocasión y la mamá Dijana proclamó “el rey ha muerto” cuando Nole venció a Roger en Australia en 2008), tal vez por sus lesiones, porque bota la bola como 100 veces antes de sacar, porque se arranca la camiseta cuando gana o porque tenía fama de don Juan en el circuito. En un deporte considerado de caballeros, muchas veces el aficionado no perdona pequeñas cosas como esas y Novak, una leyenda viviente del tenis no tiene la misma admiración de parte del público y los comentaristas que Federer y Nadal; ni siquiera se les acerca.
Aun así me alegro de que esté de regreso. El mal tercio, el que irrumpió el binomio más querido del tenis, el que empezó como una molestia ocasional que se rendía en momentos difíciles, ahora es uno de los rivales más temidos de Roger y Rafa. Bienvenido de nuevo a la cima del tenis Nole, se te extrañó por estos rumbos.