De pelotazos y cosas peores.

Después de casi una década hundidos en la mediocridad, tal parece que los Bravos de Atlanta por fin ven la luz al final del túnel. Los Nacionales de Washington ya sacaron la bandera blanca cambiando a Daniel Murphy y a Matt Adams y aunque siguen con posibilidades matemáticas (no como los Orioles que están a ¡51 juegos! de los Medias Rojas en el Este de la Americana), la división pinta para decidirse entre los Phillies y Bravos, con Miami en el sótano.

La buena racha de los Bravos se debe en buena medida al bat del novato sensación de 20 años de edad Ronald Acuña Jr. y es él quien me motivó a escribir esta entrada del blog. La semana pasada Acuña estaba en medio de una racha histórica, conectando películas de largometraje (jonrón para los incautos) en cinco partidos consecutivos y fue justo en medio de esa racha cuando vino el pelotazo. En la serie contra los Marlines de Miami, Acuña se voló la barda en el primer turno al bat de los primeros tres partidos y en el primer lanzamiento del cuarto juego de la serie, el pitcher de los Marlines José Ureña le dio un pelotazo en el codo con una recta de 97 millas por hora.

Es aquí donde quiero hablar de las reglas no escritas del béisbol, situaciones del juego controversiales donde la tradición beisbolera dicta que debes responder de cierta manera al insulto del jugador del equipo contrario. Yo me considero un romántico del béisbol, prefiero que batee el lanzador como en la liga nacional en lugar del bateador designado de la liga americana. Me gustan los uniformes clásicos y me gusta la historia del béisbol desde la época de los hermanos George y Harry Wright en el primer equipo profesional de Cincinnati cuando jugaban sin guantes.  Pero una cosa es la tradición y otra cosas son estas reglas no escritas que casi siempre resultan en un pelotazo artero del lanzador a un jugador indefenso del equipo rival. Sobre todo porque no tiene como defenderse del golpe que puede causarle desde un moretón por un par de semanas hasta una fractura grave. Veamos algunas de esas reglas:

Si le dan un pelotazo a un jugador de tu equipo, golpea a uno del equipo contrario.

Una de las reglas más ridículas, pues hay ocasiones en que el pelotazo es claramente sin intención y aun así el equipo contrario aplica el “ojo por ojo, diente por diente”. No tengo mucho que decir de esta regla, pues para mí no tiene sentido a menos que el primer pelotazo haya sido intencional. Como ejemplo vean esta secuencia en el juego de los Marlines contra Arizona en el que José Fernández da un pelotazo claramente sin intención a un jugador de Arizona y en la siguiente entrada un jugador de los Marlines recibe un bolazo como revancha.

Nunca presumas un cuadrangular y te quedes admirándolo como una obra de arte.

Antes que nada, si vas a presumir un batazo asegúrate de que la volaste, no te vaya pasar lo que al coreano éste que solo hizo el oso y causó burlas del equipo rival. Cuando conectes un bambinazo, solo agacha la cabeza y da vuelta a las bases al estilo de Mike Trout. Siempre me han dicho que cuando haga algo bien, actúe como si fuera algo de todos los días y esto aplica aquí a la perfección. Si admiras tu batazo como si nunca lo hubieras hecho en tu vida, quedas mal contigo mismo, pero el equipo rival lo toma como un insulto o una burla y lo más seguro es que en tu siguiente turno al bat te den un pelotazo por presumido.

Checa lo que le pasó a Gerardo Parra contra los Dodgers. Después de empatar el partido con un cuadrangular que admiró de más, vean la reacción del cátcher primero cuando pisa home y de Clayton Kershaw en el dugout contrario. En el juego siguiente vean ahora lo que pasó cuando Kershaw se enfrentó a Gerardo Parra. Esta es la regla más común que hace enojar a los equipos contrarios. De los casos más famosos son el del niño José Fernández contra los Bravos de Atlanta y el de José Bautista contra los Rangers de Texas.

No toques la bola o robes una base en las últimas entradas cuando llevas mucha ventaja.

Aquí es debatible cuanto es “mucha ventaja” puesto que hemos visto algunas ocasiones que los equipos se recuperan en las últimas entradas después de ir perdiendo hasta por 10 carreras, pero por regla general, si haces esto se percibe como si le estuvieras restregando la ventaja al equipo rival y solo quieres subir tu porcentaje de bateo. Como ejemplo está la gran bronca que se armó en el juego de México contra Canadá en el 2013. Con ventaja de 9-3 en la novena entrada, el bateador canadiense hizo un toque de bola para llegar a primera lo que causó molestia en el equipo mexicano. Vean la señal que le hace el antesalista Cochito Cruz al lanzador, diciéndole que le dé un pelotazo al siguiente bateador. Después de lanzarle música en los oídos en los primeros dos intentos, al tercero le da un pelotazo y empieza la bronca. Lo único que opino aquí es que si vas a dar un pelotazo, hazlo al primer intento; si ya la regaste dos veces como Sergio Romo, ya déjalo por la paz.

No hablas de un juego sin hit mientras está ocurriendo.

Lanzar un juego sin hit ni carrera es una de las cosas más difíciles en el béisbol, a menos que estés drogado con LSD como Dock Ellis. Hemos visto muchos juegos sin hit que se rompen a falta de un out, el más reciente de Sean Newcomb de los Bravos de Atlanta.  La regla aquí es como el Club de la Pelea, no se habla de él porque se cree que esto le da mala suerte al lanzador.

No te barras en segunda ante Rougned Odor.

Esta no es una regla (quería ver si seguías leyendo), pero no lo hagas…Si no, pregúntale a José Bautista.

 

Esas son sólo algunas de las reglas no escritas del béisbol, que para mí ya no tienen mucho sentido y son parecidas a las reglas de la NFL que castigan a los jugadores por celebración excesiva después de una anotación. Pienso que los jugadores deben poder divertirse, celebrar, lanzar el bat y barrerse (limpiamente, no como Pete Rose en el juego de las estrellas) sin temor a recibir un pelotazo en su siguiente turno. Quieres que un jugador no celebre, lanza mejor…que no se robe la base, sácalo en segunda…que no toque la bola, defiende con el cuadro adentro.

En el caso de Acuña, según yo no quebró ninguna de estas reglas, solamente fue muy bueno durante varios juegos seguidos y José Ureña hizo la ley con su propia mano y le dio un pelotazo para enfriarlo. Incluso el novio de Jerry Seinfeld, el ex–pelotero Keith Hernández,  dió su opinión controversial diciendo que tenían que golpearlo porque estaba en muy buena racha. Para mí es un comentario desafortunado y hasta medio estúpido dado que él es un comentarista profesional y muchos jóvenes peloteros toman en cuenta sus declaraciones. Es como si un linebacker llegara a taclear a Brady ya que terminó la jugada solo porque les ha lanzado 4 pases de anotación o como si llegaran a darle un balonazo o una patada a Steph Curry cuando lleva varios triples en un partido; en pocas palabras, una tontería.

Ronald Acuña Jr. es una joven estrella de este deporte y su temporada con los Bravos se pudo haber perdido gracias a una recta de 97 millas malintencionada. El castigo por estas acciones debe ser ejemplar, pues perder aficionados es lo último que necesita un deporte que lleva algunos años tratando de ganar o mantener interesados a sus aficionados. Afortunadamente no lo fracturó y los Bravos siguen firmes con Acuña en la pelea por un lugar en la postemporada…Afortunadamente.

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