
Sueño de fuga es mi película favorita y una de las cosas que más me gusta de la película es la manera en que describe la esperanza. Para los que no saben mucho de la trama, ésta narra la historia de un joven banquero llamado Andy Dufresne, injustamente preso de por vida por el asesinato de su mujer. Durante su tiempo en prisión desarrolla una fuerte amistad con Red, un convicto que lleva años encerrado. Desde el inicio de la trama es fácil observar en los diálogos el mantra más importante de la película: la esperanza. En una conversación entre Andy y Red se expresa la dualidad de la misma:
– Todos tenemos algo dentro, algo que no nos pueden quitar- dice Andy
– ¿De qué hablas? – contesta Red con tono fuerte
– La esperanza – sonríe Andy
– Dejame decirte algo, la esperanza es algo peligroso – replica Red sombríamente – Puede volverte loco, no sirve para nada aquí en la cárcel-
En las paredes de prisión es fácil que la esperanza se torne en desesperación, en cinismo y en desventura y que poco a poco muera la creencia de que algo bueno puede suceder. Andy continuó teniendo esperanza, aún después de veinte años encerrado en las paredes de Shawshank, hasta que finalmente escapa. Un tiempo después Red recibe una carta, que aunque no tiene remitente, sabe que viene de su amigo. En ella, Andy le escribe -Recuerda Red, la esperanza es algo bueno, tal vez se lo mejor que puede uno tener, y las cosas buenas nunca mueren –
Al pensar en ese filme, me doy cuenta de que lo mismo sucede con el futbol mexicano; tantos años de decepción mundialista nos ha convertido en prisioneros de Shawshank, como Red. La historia nos ha enseñado que tener fe en la Selección Mexicana no es buen negocio y es mejor ser un David Faitelson que un Chicharito, pues al final, los Faitelsons de México siempre han tenido la razón.
Entonces, ¿Cómo podemos convencernos de que este equipo de México es diferente? ¿Cómo creer que podemos ser Leicester de la Premier o Grecia en la Eurocopa como dijo Javier Hernández? ¿Cómo podemos ser el David que vence a los Goliaths del balompié como Francia, Argentina y España?
Para eso, primero tenía que convencerme a mí mismo. Así que regresé a leer “El libro del basquetbol” de Bill Simmons. En este libro, el autor explora “el secreto” del baloncesto, buscando explicar como algunos equipos con planteles uber-talentosos no llegan a ser campeones y algunos otros como los Pistones de Detroit en el 2004, los Mavericks de Dallas en el 2011 o incluso los Knicks de Nueva York de este año, alcanzan la gloria dominando al resto de la liga y funcionando como una máquina perfectamente aceitada. El Secreto del Basquetbol es que no se trata de básquetbol, la fórmula “mágica” ganadora tiene que ver con sacrificio, abnegación y que cada uno de los integrantes del equipo sepa lo que se necesita de ellos para trascender. Para ganar, es necesario poner al equipo por encima de uno mismo, hay que entender que el deporte es jugado por seres humanos, lo cual significa que elementos como el liderazgo, la química en la cancha y el respeto mutuo tienes más valor que el talento nato o una estrategia innovadora. Para muestra un botón y en este caso un botón muy reciente, los Knicks de Nueva York, que vinieron de menos a más durante la temporada y para los playoffs llegaron a su pico de funcionamiento. Su estrella Jalen Brunson aceptó un contrato más bajo que su precio en el mercado de jugadores para que los Knicks reclutaran a Mikal Bridges y retuvieran a Josh Hart, sus compañeros de equipo desde la prepa, además de firmar a Karl Anthony Towns y OG Anunoby en la agencia libre. El resultado fue increíble, pues cada noche un jugador diferente marcaba la diferencia con un rebote, una tapa, un tiro de tres puntos o una gran jugada defensiva. Cada uno sabía su rol en el equipo y para las finales ya funcionaban perfectamente. Los Knicks fueron un gran ejemplo del como el secreto del basquetbol transformó a un equipo de simples contendientes a favoritos indiscutibles.
Regresando al mundial de futbol, vi una entrevista que le hicieron a Javier Aguirre después del triunfo 3-0 ante Chequia al cierre de la fase de grupos. Para este duelo, México tenía ya asegurado el primer lugar del grupo y Aguirre hizo varios cambios en su once inicial. El funcionamiento del equipo mexicano no mermó para nada, incluso desde mi punto de vista hasta jugaron mejor que sus dos primeros partidos y cuando le preguntaron al técnico nacional acerca de esto, el resaltó que una de las cualidades de esta selección es que los 26 jugadores son importantes y que precisamente una de sus metas con el equipo era que cuando hiciera cambios, el funcionamiento del plantel dentro de la cancha no cambiara, pues todos saben lo que aportan al equipo y su rol dentro del mismo.
No se a ustedes, pero esto me suena un poco como al Secreto del basquetbol…No se trata de uno, se trata de todos. La selección no es Raúl Jiménez y su historia de terquedad y necedad para recuperarse de una lesión en la cabeza que pudo haberle costado la vida, la selección no es un Julián Quiñones que lleva 3 goles en la Copa del Mundo y que metió 33 goles el año pasado en la liga de Arabia Saudita, no es un Mateo Chávez que busca redimir a su padre el “Tilón” Chavez que de última hora se quedó fuera de la lista de convocados para el mundial de Francia 98, no es un Gilberto Mora que ha sido coronado como futuro crack de México y que sin afán de exagerar es de esos jugadores que hacen sentir su presencia en la cancha y simplemente son diferentes, no es un Paco Memo Ochoa y sus 6 mundiales, un Luis Romo que todos dicen que es un troncazo y solo ha callado bocas, no es un Erick Lira que ya lo fichó la Roma, un Piojo Alvarado que ha vuelto locos a los defensas rivales, ni un Cesar Montes o un “Tala” Rangel. La selección es todos ellos juntos, entrenando como niños, jugando como jugábamos todos nosotros por las tardes con nuestros amigos después de la escuela, en perfecta sincronía y armonía. Por eso el Vasco Aguirre quiso tener una larga concentración con el plantel, para crear eso, un equipo de 26, que casi pueden jugar con los ojos vendados porque saben dónde están todos sus compañeros, como Van Damme en su pelea contra Chong Li en la película de Contacto Sangriento.
Entonces ¿por qué no?. Hoy he decidido que para mí la esperanza no es peligrosa, sino más bien un elixir y aunque sé que puede tener consecuencias, prefiero que sea mi aliada y mi luz al final del túnel.
Este domingo no soy Red… Este domingo soy Andy Dufresne, levantando los brazos en medio de la lluvia. Este domingo… ¡gana México!
